La victoria ante Atlético Rafaela le dio a River un poco de
oxígeno que deja más dudas que certezas. Este fue otro partido que era fácil en
los papeles y se volvió engorroso en el campo de juego. ¿River le facilita los
caminos al rival o es mérito siempre de los de enfrente? En un partido donde el
empate tal vez era lo más justo, los de Gallardo se llevaron una victoria ante
Atlético de Rafaela por la séptima fecha del torneo argentino.
River volvió a ofrecer esa versión pinchadísima de lo que
supo ser al comienzo del campeonato. El local, además evidenciar una importante
anemia futbolística y actitudinal, se encontró con un adversario impecable en
lo defensivo. Tanto el primer tiempo como el segundo, apenas registraron
situaciones manifiestas de gol. Es que los de Rafaela achicaron los espacios
del millonario, ahogaron las salidas, taparon a Ponzio y doblegaron esfuerzos
en cada mano a mano o divididas.
El desarrollo del encuentro fue trágico para el espectáculo.
El partido fue una maraña de imprecisiones, faltas y desatenciones en todos los
niveles. A River no solo le faltó mucho fútbol sino también actitud. Escaseó
voluntad para entender que, aunque el juego no aparecía, había que llevarse por
delante al rival. En ningún momento pareció entenderse que de local, con todas
las limitaciones que haya, el partido debe buscarse aunque sea a los ponchazos.
Gallardo intentó inyectarle algo más de juego al mediocampo
y sustituyó a un bajo Nacho Fernández. Ivan Rossi entró para equilibrar la
línea de volantes. Si bien la joven incorporación pareció imprimirle más claridad
a la zona media, eso no se traducía en un mayor peligro en el área de enfrente.
Promediando los 15 del segundo tiempo, entró Andrés D’alessandro,
el mayor líder futbolístico que tiene este plantel. La presencia de Andrés
tampoco implicó un cambio radical en la dinámica de juego, pero entró con la
convicción de querer ganar el partido. Tal vez se equivocó más de lo que acertó
y tal vez no fue ese número diez que manejó el ritmo del partido. Pero es
innegable que su fiereza y agresividad futbolística marcaron notablemente la
diferencia como para inclinar la suerte del lado millonario. Que la pelota del
tiro libre que ejecutó se haya desviado en la barrera es anecdótico. River ganó
por el empuje del verdadero diez del equipo.
Ver el vaso medio lleno es difícil. Gallardo amplió el
abanico al incluir a Rossi por Fernández en la lista de posibles cambios. Es un
punto interesante teniendo en cuenta de que los volantes son en general los más
irregulares y el banco de suplentes no ofrece variantes demasiado obvias. El
segundo punto positivo es que River cuenta con un líder al que no le da lo
mismo empatar que ganar y esa actitud es la que debe inspirar al equipo.
Facundo Adamoli
@facuadamoli
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