Resultado justo para un partido que en los papeles parecía
sencillo. El prometedor arranque de este semestre invitaba a pensar que River
haría de este encuentro otro festival de fútbol. Contra todos los pronósticos,
el Millonario se encontró con un molesto rival, que con toda valentía, se animó
a jugarle al fútbol en el mismísimo Monumental. El equipo del Muñeco nunca
encontró su identidad en el campo de juego y se llevó solo un punto tras
empatar 1 a 1 ante San Martin de San Juan por la fecha 3 del Torneo Argentino.
Hay una doble lectura desde el juego. La que interpreta los
méritos del rival y la que puede focalizarse en las fallas del equipo de
Gallardo.
San Martín de San Juan fue un equipo que desafió la intuición
de cualquier aficionado. Sin necesariamente atrincherarse atrás, salió a jugar
su fútbol (y eso en el Monumental es mucho). Los dirigidos por Lavallén no renunciaron
a su idea de juego: intentar jugar por abajo, salir tocando, cuidar la pelota,
aunque sin arriesgar en demasía en ataque. Los sanjuaninos se plantaron bien en
defensa y optaron por el contraataque rápido
.
River fue un equipo con importantes desconexiones. Cuando el
fútbol no aparece, es importante ver qué es lo que sucede con el triángulo del
fútbol: D’alessandro, Martínez y Fernandez. A pesar de que el Cabezón fue el
claro conductor del equipo, eso no alcanzó para elaborar ese futbol total que
River supo exhibir en los primeros partidos. El Millonario es ¨Nacho
dependiente¨. Ocupa un puesto clave en la generación de fútbol. Es el termómetro
del partido. De él provino el gol de Alario, pero también, de él provino la
falta de continuidad en el circuito de juego. El joven mediocampista, es preso
de su irregularidad, y de la misma forma que aporta cuotas de calidad, recae en
la imprecisión constante de un momento a otro. El Pity Martínez es un jugador
reformado que ha aceptado jugar más para el equipo que para sí mismo. Cerrado
el circuito de futbol, solo pudo limitarse a aportar su interesante cambio de
ritmo cuando el partido lo pedía.
Sin esa interesante dinámica del mediocampo (a la que Ponzio
tampoco pudo asociarse), las proyecciones de Moreira se volvieron completamente
predecibles. En realidad, todo fue demasiado previsible. Solo la jerarquía de
Alario justificó lo mejor que River generó en ataque.
El mediocampo siempre fue el problema de la tarde pero las
variantes llegaron tarde. Muy tarde. La tercera fecha del torneo plantea un
escenario adicional que hasta ahora no habíamos evaluado. Ya vimos el River del
fútbol total y el de la garra. ¿Qué pasa con el River sin ideas? La respuesta
está en el banco y en la capacidad de encontrar variantes cuando el fútbol no
aparece. El camino es más que largo.
Facundo Adamoli
@facuadamoli
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